Las pulgas son parásitos externos hematófagos (se alimentan de la sangre) de diversos animales y humanos, y pueden dar saltos largos en proporción a su tamaño y alcanzar fácilmente a nuevos huéspedes, gracias a que en sus articulaciones poseen resortes de la proteína más elástica conocida, la resilina, igual que otros insectos como saltamontes y langostas. Se conocen unas 1900 especies.[cita requerida]
Las pruebas genéticas indican que las pulgas son un linaje especializado de escorpiónidos parásitos (Mecoptera) sensu lato, relacionado más estrechamente con la familia Nannochoristidae. Las primeras pulgas conocidas vivieron en el Jurásico medio; las formas de aspecto moderno aparecieron en el Cenozoico. Probablemente las pulgas se originaron primero en los mamíferos y ampliaron su alcance a las aves. Cada especie de pulga se especializa, más o menos, en una especie de hospedador: muchas especies de pulgas nunca se reproducen en ningún otro hospedador; otras son menos selectivas. Algunas familias de pulgas son exclusivas de un solo grupo de hospedadores; por ejemplo, los Malacopsyllidae sólo se encuentran en los armadillos, los Ischnopsyllidae sólo en los murciélagos y los Chimaeropsyllidae sólo en las musarañas elefante.[cita requerida]
La pulga oriental de la rata, Xenopsylla cheopis, es un vector de Yersinia pestis, la bacteria que causa la peste bubónica. La enfermedad se propagaba a los seres humanos a través de roedores como la rata negra, picados por pulgas infectadas. Entre los brotes más importantes se encuentran la peste de Justiniano, hacia el año 540, y la peste negra, hacia 1350, cada una de las cuales ocasionó la muerte de una fracción considerable de la población mundial.[cita requerida]
Las pulgas aparecen en la cultura humana en formas tan diversas como circos de pulgas; poemas, como el erótico "La pulga" de John Donne; obras musicales, como las de Modest Músorgski; y una película de Charlie Chaplin.
Características
Las pulgas son invertebrados pequeños (de 1,5 a 3,3 mm —milímetros— de largo) que carecen de alas, son muy ágiles, de color generalmente oscuro (por ejemplo, la pulga de los gatos es de color rojizo-parduzco), cuentan con un mecanismo bucal de tubos especialmente adaptado para poder alimentarse de la sangre de sus huéspedes. Tienen el cuerpo comprimido lateralmente, lo que les permite desplazarse con facilidad entre los pelos o plumas del huésped. Tienen las patas largas y las traseras están adaptadas para el salto, que puede ser de hasta 18 cm (centímetros) en dirección vertical y 33 cm en dirección horizontal.[1] Esto representa una distancia de hasta 200 veces su propia longitud,[2] lo que convierte a las pulgas en el mejor saltador entre los animales en relación con su tamaño corporal. El salto de la pulga es tan rápido y enérgico que supera las capacidades del músculo, y en lugar de depender de la fuerza muscular directa, las pulgas almacenan la energía muscular en una almohadilla de la proteína elástica llamada resilina antes de liberarla rápidamente (como un humano que utiliza un arco y una flecha).[3
